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IGUALES. Es hora de cambiar las reglas.

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Vivimos en un mundo de contrastes. Las crecientes diferencias entre las personas más ricas y el resto de nosotros son el ejemplo más claro de ello. Actualmente, siete de cada diez personas viven en un país donde la desigualdad entre ricos y pobres es mayor ahora que hace 30 años. Sólo en el Reino Unido, los directivos de las cien principales empresas ganan 131 veces más que un empleado medio de dichas empresas, mientras que en Sudáfrica un trabajador de una mina de platino tendría que trabajar 93 años para ganar sólo las primas anuales de un director ejecutivo medio.


Tenemos que actuar.

La desigualdad no significa únicamente que existan enormes diferencias en términos de salarios e influencia política. Nos afecta a todos porque dificulta el crecimiento económico, fomenta la corrupción y constituye un obstáculo para la reducción de la pobreza. También agrava la desigualdad entre hombres y mujeres, además de frustrar las esperanzas y ambiciones de millones de personas que carecen de acceso a servicios sanitarios y educativos asequibles.

Desde el comienzo de la mayor crisis económica, la peor desde la gran depresión, el número de multimillonarios en el mundo se ha más que duplicado, mientras que, durante el mismo período, al menos un millón de mujeres ha perdido la vida en el parto debido a la falta de servicios sanitarios básicos.

Una desigualdad tan extrema es el resultado de elecciones políticas y económicas. La riqueza extrema va acompañada de poder e influencia: vivimos en un mundo donde las leyes están diseñadas para favorecer a una minoría, a costa de la mayoría de los ciudadanos. Así que mientras la riqueza de esa minoría aumenta, las personas más pobres quedan excluidas.

Cuáles son nuestras peticiones.

Tenemos una buena noticia: es posible hacer frente a la desigualdad extrema. Se pueden tomar muchas medidas para equilibrar la situación y hacer del mundo un lugar más justo. Juntos, debemos instar a los Gobiernos a que se comprometan a:

• Garantizar la equidad de los sistemas fiscales, sin que existan vacíos legales en materia fiscal, de modo que los más ricos tributen lo que les corresponda de manera justa.
• Invertir el dinero recaudado a través de una fiscalidad más justa en servicios públicos esenciales, como la atención sanitaria y la educación universales, a fin de que todas las personas tengan la oportunidad de prosperar.
• Garantizar que todos los ciudadanos cuenten con empleos dignos y salarios justos.
• Garantizar que las políticas económicas estén orientadas a reducir la desigualdad entre hombres y mujeres.
• Que su prioridad sea trabajar al servicio de los ciudadanos. Los intereses de los más ricos ya no pueden prevalecer sobre los del resto de nosotros.

El mundo está preparado para actuar. ¿Y tú?

Personas de todo el mundo están empezando a actuar. Las recientes protestas masivas en países como Brasil, Chile, Islandia y Hungría ponen de manifiesto que la ciudadanía ya no está dispuesta a tolerar una desigualdad tan extrema, ni que las leyes estén diseñadas para favorecer a los más ricos. Oxfam se une a este movimiento, cada vez mayor, a través de una campaña de cinco años cuyo objetivo es acabar con la desigualdad extrema y exigir a los responsables políticos que hagan todo lo posible para equilibrar la sit

IGUALES. Es hora de cambiar las reglas.

La desigualdad no es inevitable. Todas las personas deberían tener poder de decisión, pagar impuestos justamente, tener igualdad de acceso a servicios sanitarios y educativos de calidad y recibir salarios dignos. 

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